domingo, 4 de enero de 2009

Sueños extraños

El frío se pegaba a mi ropa húmeda y me provocaba fuertes temblores. Había caído con mi coche al agua, y con mucho esfuerzo había logrado salir. Un reguero de sangre caliente resbalaba por mi frente, mi nariz, mis mejillas, hasta llegar al cuello.Notaba un agudo dolor en mi pierna derecha combinado con la sensación fría del acero incrustado en ella. Tenía una barra de acero del coche clavada en la pantorrilla.
Mis fuerzas se desvanecían cada vez más, pero me impedía caer. Tenía que encontrar a alguien y pedi ayuda. Mi móvil se había quedado atrapado en el coche, junto con mis pertenencias.
Cuando pensaba que iba a caery morir en aquella cuneta, divisé dos faros que se acercaban a mí. Me puse en medio de los dos carriles, agitando lentamente los brazos.Noté como unos brazos me agarraban y me cubrían con una manta "¿Habré muerto ya?" pensé, pero aún oía el sonido del motor del coche, un murmuro de gente hablando y me desvanecí.
Una luz atravesaba mis párpados, molestándome. Estaba tumbada en algún lugar muy blandito, y pensé que sería el cielo y que estaba tumbada en una nube, pero un pitido me contradijo "pi....pi....pi....pi...." Abrí los ojos lentamente y vi que estaba en una habitación blanca. En un hospital. El pitido era emitido por un monitor unido a mi mediante unos cables. Marcaba los latidos de mi corazón.
Un radiante sol entraba por la ventana y caldeaba el ambiente de la pequeña habitación de una manera deliciosa. Me notaba pesada y me costaba hacer el más mínimo movimiento. Supuse que serían los efectos de la anestesia.
Un ramo de flores descansaba en una silla marrón acolchada al lado de mi cama. Intenté levantarme, pero un dolor en la cabeza hizo tumbarme otra vez. Al rato, entró una enfermera regordeta. Sin dirigirme una palabra, cogió un cuaderno que había al pie de la cama, se acercó al monitor de los latidos del corazón, apuntó algo y volvió a dejar el cuaderno en su sitio. Antes de salir dijo:
- Aquí hay alguien que está esperando por usted. ¿Le digo que pase? -Asentí.
Entonces apareció él. Su cara estaba llena de preocupación y reflejaba una noche en vela. El pelo estaba desordenado y sus ojos azules, marcados con unas oscuras ojeras. Llevaba sus tejanos preferidos, una camiseta negra y las Converse All Star rojas que le había regalado.
Antes de que yo tuviera el accidente, habíamos discutiro y yo había salido de casa llorando desconsoladamente, odiando esa situación.
Se quedó parado en la puerta, pensando qué haccer, pero rápidamente se acercó a la cama y me abrazó. Sus labios se posaron en mi frente y me sonrió. Me alegraba tanto de volver a verle...
El pitido del monitor se aceleró, tanto que se parecía a una melodía. Era el espertador.
Todo eso había sido un sueño, pero tan real... Sabía que la discusión era real, pero ¿hasta qué punto? Me giré buscando su cara, pero no estaba. Le busqué y le vi durmiendo en el sofá.
Le desperté y le conté lo ocurrido en mi sueño.
En aquel pequeño salón de un piso en las afueras de Madrid, supe que quería compartir el resto de mi vida con aquel hombre.

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